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jueves, 25 de octubre de 2018

Lo que tu silencio


                                                            Pintura de Francisco Lezcano Lezcano


El señor de la roca siempre
regresa. No,
siempre está.
El señor sin nombre
da nombre, nombra
lo que tu silencio habita.
Silencioso señor de la roca
todas las palabras conoces,
todos los verbos desatas inmóvil
en la roca.
Ciego el señor en la roca,
adjetiva la luz, despliega el arcoíris,
resplandor en el que te pierdes tú
extraviada siempre en sus ojos,
tótem entre la gente,
oye el de la roca
rumores,
susurros
el oleaje y el aire
la caída de un astro en lo más negro.
Al señor de la roca sin nombre
te diriges,
observas,
enmudeces siempre
ha estado, siempre presencia,
en él te fundes.

jueves, 19 de abril de 2018

HIPÓTESIS






Hipótesis primera: las almas vacías no escriben poemas.
Hipótesis segunda: las almas vacías recitan pliegos de negligencia.
Hipótesis tercera: las almas vacías vagan impenitentes por las calles
Hipótesis cuarta: las almas vacías no palpitan el desconcierto
                           al encontrar entre la multitud
                            algo parecido 
                           a la expresión 
                           de un rostro casi olvidado.







domingo, 26 de noviembre de 2017

Ceniza

Hubo miércoles de ceniza cuando no sabías
que todas las semanas
se convierten en ceniza,
que todos los meses se tiznan de ceniza,
que todas las noches
incrustan una marca cenicienta
en la frente de los años.
Juguemos al pábilo encendido de las velas,
a la ambigüedad que se acomoda
en el oscuro lecho
de cada minuto que consumimos.
Juguemos a no saber.

jueves, 16 de noviembre de 2017

SUBE

Sube. Dibuja el gran círculo que todo contenga,

y que el feroz viento no destruya,

el huidizo,

el implacable estertor final.

martes, 25 de abril de 2017

LA CALIGRAFÍA DE LOS ISÓPODOS



RESEÑA DE JOSÉ MIGUEL JUNCO EZQUERRA

LA CALIGRAFÍA DE LOS ISÓPODOS
AUTORA: EVELYN DE LEZCANO.
EDITORIAL: HUERGA&FIERRO. MADRID, 2017.


EL RECORRIDO POÉTICO DE LA MEMORIA

 Bellísimas y potentes imágenes, percepciones que se entremezclan y tiempos que se entrecruzan borrando las rígidas barreras de pasado presente y futuro.
Un marcado sentido simbolista en el que lo tangible es sustituido por lo que se intuye, lo que se siente y se plasma a través de asociaciones en las que prima lo irracional y metafísico. Una aproximación a la esencia poética a través de la intuición y el instinto.
Fluye la palabra poética como un torrente nacido del mundo de los sueños, creando símbolos que se interrelacionan y dan lugar a realidades distintas a las observables a simple vista. Lo misterioso y lo místico laten en las expresiones generando una visión holística del ser y su entorno.
Se crea así “un tiempo neutral” en el que ausentes y presentes interactúan, dialogan y son evocados e invocados a través de versículos que en muchas ocasiones devienen  prosa poética.
Un comienzo con claras alusiones musicales: diapasón, ritmo, compás, adagio. Un ritmo que deriva hacia la oscuridad, hacia las sombras…
 ¿Sigues el ritmo?/Se estira oscuro, se redondea más oscuro/el ritmo entre las hojas,…
y nos conduce al mundo de los isópodos:
al cobijo de un arbusto/al ritmo del silencio/al lugar de los isópodos.
Un largo poema escrito en fragmentos con dos poemas finales: Dos poemas de agua, que mantienen el tono general aunque se percibe un cierto remanso, una cierta paz a través de imágenes sumamente originales y poderosas.
El yo poético late en estado elíptico. Es una de las características  de Evelyn de Lezcano: se distancia para que la emoción no le pueda ni quede mediatizada por un énfasis excesivo que obstaculice el propósito esencial: crear, hacer arte, sentir pensando. Que el pulso lata, pero que no se nos anegue el corazón porque eso nos llevaría a traspasar la frontera que separa a la poesía de la anécdota, de la enumeración autobiográfica más cerca de un libro de memorias que del arte. Esa tensión, ese batalla para que la visión trascienda el momento, la coyuntura.
Asistimos a la evocación e invocación de paisajes interiores y exteriores, de ausentes y presentes, para reconstruir y reconstruirnos. La búsqueda de un tiempo perdido que culmina con un tiempo recobrado. Recobrado y recreado.
Así, como se recobran los tiempos. El recuerdo de los recuerdos, esas huellas que, indelebles, se graban en la memoria con esa caligrafía especial de los isópodos:
Ya te dije que no lo ibas a encontrar/que no surgirá de tu nada/mas que el gesto que perdiste/que tu dedo alzado solamente/difumina el borrón de las sombras. Pero sigues buscando,…
Se evoca y convoca. Asideros imprescindibles que nos posibilitan seguir el rastro de lo que fuimos  y finalmente somos:
Siempre, siempre a un paso de la espiral/se reencuentran los instantes.
Reconstruirnos y reconstruir también a los otros. Esa apasionante y, a veces, dolorosa aventura por nuestros mares interiores que necesitamos recomponer para rememorar tactos, olores, sabores, voces, rostros, paisajes. Y en esa rememoración nos encontramos, nos celebramos en y con los otros.
¿Qué recordará/cada vez que el cuerpo despierta la piel de futuro/ajada de sol y nieve?
Aventura no exenta de peligros, de encrucijadas, del imprevisto resurgir de las heridas que nunca terminan de cicatrizar. Pero aventura necesaria para no atomizarnos, para no perder las referencias, para no ser abducidos por esta realidad líquida que nos hace acríticos y nos cosifica. Para seguir creando, para ver y dar a ver, para generar conocimiento: el que nos procura la propia poesía. También para tratar de encontrar un sentido, un cauce, un origen que nos “explique” y nos justifique.
La poesía de Evelyn De Lezcano es poderosa, sugerente, evocadora, original. No es baladí este último calificativo. La originalidad es algo que se aprecia y agradece en tiempos en los que se imponen tendencias, modas, estilos, cánones. Evelyn De Lezcano habla, cada vez más y cada vez mejor, con voz propia. No es poca cosa eso. Tal vez porque de niña tuvo el privilegio de aprender “la caligrafía de los isópodos”. Y en la madurez, la sensibilidad de no olvidarla.


José Miguel Junco.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Texto leído en el acto de presentación de LA MUJER DE LAVA de José Miguel Junco Ezquerra.




LA MUJER DE LAVA. JOSÉ MIGUEL JUNCO EZQUERRA.
Editorial La Discreta
Sobre la poesía se ha hablado y escrito mucho a lo largo de los siglos. Hay infinidad de ensayos que abundan en este tema y en las diferentes maneras de entenderla. Pero de lo que no cabe duda es de que la poesía, el poema, tiene la capacidad de otorgar a las palabras, esas que pronunciamos a diario, que utilizamos en las conversaciones cotidianas, un nuevo significado mediante una conexión inusitada entre las mismas y por lo tanto, de generar  resonancias con ideas a las que no tenemos acceso a través del lenguaje cotidiano.
De las  resonancias, múltiples y diversas que me produjo la lectura del libro que hoy tengo el placer de presentar, La mujer de Lava, de José Miguel Junco Ezquerra, voy a hablar, a sabiendas de que cada acercamiento a la palabra hecha poema trae a quién la realiza ecos, reverberaciones, imágenes, ideas, sentimientos, vivencias, resonancias,  que inevitablemente serán interpretadas en base a las coordenadas de un mapa que es personal y por consiguiente abierto a variaciones en las que inciden los factores a los que está expuesto el acontecer vital de cada uno.
La poesía de José Miguel Junco se caracteriza por la musicalidad y el dominio del ritmo y este libro que hoy presenta sigue esa línea canora.
Dividido en cuatro partes: La mujer de lava, Donde estamos escritos, Di sílabas extrañas y Botella al mar,  es un libro escrito con un lenguaje coloquial que adquiere diferentes matices en cada una de sus partes. Desde la epopeya genésica de La mujer de lava, pasando por una poesía con rasgos existenciales en Donde estamos escritos, una poesía más intimista en el apartado titulado Di sílabas extrañas, y la última parte del poemario, Botella al mar, en el que predomina lo confesional, entendida esta confesionalidad tal y como la define Mark Strand, la del poeta en relación al acontecer, en la sociabilidad con la mirada puesta en el mundo en el que está sumergido.
El poema-prólogo con el que comienza La mujer de lava, dice:
Llegaron por el mar, hambrientos y remotos. Besaron tus mejillas. Era la noche. Larga como un delirio.
Tú estabas presta para guarecerlos, cuna de jable en la desierta playa. Tus hijos al encuentro de un refugio. Hubo un rumor del viento.
Las resonancias fueron llegándome  como el llamado primero del hombre a ser y estar en un mundo desconocido, que a la vez ha de hacer suyo con los otros. Suenan sentimientos atávicos, esos que nos conforman, nos pertenecen y con que los sufrimos, nos  moldeamos y nos moldean. E inevitablemente oí a Freud y a Josep María Esquirol diciéndome que en el hombre existen dos sentimientos primordiales: el sentimiento de desamparo frente al mundo y el deseo de integración, de amparo. Creo que esta mujer de lava expresa ampliamente dos condiciones antropológicas básicas: la condición de intemperie de desierto, de soledad, y el deseo de océano, de integración, de seguridad.
La poesía de carácter  dialógico-existencial  de Donde estamos escritos, la segunda parte del libro, no es, como podría suponerse, una poesía que cae en el pesimismo, ni se encarama en lo ontológico. Antes bien  combate en lo cotidiano es, como dice su autor   …”ese trayecto/ que arranca de lo hondo” donde hay puntos imprecisos/para asirse”. Porque siempre  “hay un atisbo de luz” y porque “importa el gesto.”  Ese gesto que quiere “hasta el final dejar constancia/ de todo lo que opuso a su derrota”.
El tercer apartado del libro, Di sílabas extrañas, poesía aparentemente dialógica-amorosa, sólo aparentemente, siempre desde la percepción de esta lectora, reitero, es un canto al encuentro con el otro, con el individuo que es uno y múltiple, así dice en uno de los versos “cuánto me pesa el prójimo en la lengua” y la poesía como centro del universo del autor, como instrumento “para que quede constancia/de este tiempo compartido” en la circular historia humana: “como la cara de asombro del conserje/ de la biblioteca de Alejandría/…/como la primera lluvia de meteoritos/…./ como los sorprendidos transeúntes/en la ciudad de Pompeya” y es que el poeta declara que “Incluso si escribí para tus ojos,/para tu corazón/para tu pelo/quise glosar la vida”
Botella en el mar es el título del cuarto apartado de La mujer de lava. El náufrago que tira una botella al mar desde un presente que ya será pasado cuando  alguien recoja el testigo, en un instante ya futuro. Son poemas de supervivencia, de resistencia, de lucha, “Decir: resistiremos/y al vacío/cavarle una trinchera” Poemas en los que autor sabe qué y a quién tiene que resistir, quiénes son los aliados y el papel del mar como emisario. Los poetas son, como refiere en el poema titulado Pájaros del sur  “los pájaros más pobres/… (que)…/con una fe cóncava/pían, pían, pían”.
Las resonancias que me llegan de este excelente libro, como ya dije al principio de esta presentación, son múltiples. Pero creo que ahora es el momento de que ustedes se acerquen a él y escuchen las suyas propias.
Gracias.

Evelyn De Lezcano-Mujica Betancor










Poema 0

  0 Sigue el ritmo, coge el diapasón. míralo, escucha cómo late. Va regresa Siempre regresa a sí. ¿Dónde comienza el compás? P...