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martes, 5 de marzo de 2019

VII

Desfloraron la flor malva de mi pecho
no sentí dolor alguno.
Sonreí a aquel
que mató mi flor.
Al que mi flor mató
amé.
Ahora se pudren sus pétalos.
Los llevo pegados a mis párpados.

(Hombre. Editorial Huerga y Fierro.)


1 comentario:

  1. Un poema precioso y emotivo, sobre todo para los que revivimos a Panero en cada relectura (que no son pocas).
    Evelyn, he llegado a este blog y a tus poemas a partir de un artículo en el que hablas de Leopoldo. Tengo entendido que fuiste una gran amiga para él.
    Soy un joven poeta que encontró en la obra de Leopoldo un interlocutor silencioso, inexistente, que no obstante me entendía. O tal vez simplemente hice mía ese relato ficticio, dado que, al fin y al cabo, como el propio Panero escribió, "cuando lo negro y lo blanco se funden, ya no hay nadie", y, añadiría yo: queda el lector, sólo frente a sí mismo creyendo que no es su reflejo, si no el de alguien que lo comprende ("esa ficción que se creó por intermedio de otro", esa entidad, llamada autor, que te sirve para digerirme"), el que le devuelve la mirada.
    No sé si leerás esto, probablemente no. En cualquier caso, gracias por traer a la vida a Panero en tus poemas. Queda poca gente que lo haga así, para mí es importante encontrar a alguien que lo haga y, con suerte, poder hablar con esa persona en algún momento. Sobre Panero, sobre poesía, o sobre cualquier cosa

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