martes, 22 de enero de 2019

Beatriz


A mi hija
I

Si buscas entrar en la flor que acompaña a la brisa última del día
el día puede ser una plegaria en el volcán de la flor

donde una mariposa demora a sorbos el vino que dejó septiembre
y así acopiar valor para sumergirte en el río

en el que no es preciso saber nadar.

Y abrazaremos a la mariposa
que sabe nadar
en las alas del gran río.

II

Sigue la alegría en el lugar donde siempre estuvo.
Donde siempre va a estar
porque sabe que hay un hueco,

el hueco blanco de la mariposa a ras del infinito.

Y el hueco de la mariposa, con las alas sobre la osamenta del ciervo,
palpita.

El vuelo verde de la mariposa sobre la hierba.
El baile de sus alas, dibuja el infinito.

III

Donde las ovejas depositan su lana,
yo me abandono al sueño de la mariposa.

Agradezco la calidez de la almohada,

el balido de las ovejas me acuna

y la hierba dibuja una caricia
acompasada por el viento.

(La caligrafía de los isópodos. Editorial Huerga y Fierro.)

                                                                              
                                                                                 KANO EINO  狩野永納筆 

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