jueves, 6 de diciembre de 2018

Están aquí.

                                                                                 



Ya llegaron, están aquí.
Algunos llevan en sus manos desgastadas hojas de un libro
y en sus ilegibles ojos el brillo del metal.
Llegaron, te equivocaste, viejo poeta.
¿Te equivocaste? ¿O sabías?
Llegaron en el mismo momento en el que algunos, junto a la puerta,
recitan viejos poemas sobre una ciudad arrasada,
y alzados entonan la esperanza, el regreso al lugar prometido.
Como brisa fueron llegando,
visitas aisladas,
voces en letanía,
rostros en un solo rostro.
Nosotros seguíamos recitando, descubrir palabras, inventar las palabras
la penosa lucha,
¿nuestra penosa lucha?
¿la única posibilidad de conjurar lo inevitable?
Pocos, al principio pocos y silenciosos,
como brisa, ya te dije, viejo poeta, como brisa.
Pero ocurrió: en la plaza están,
sentados frente a los otros,
confundidos con los otros, conmigo confundidos. Irreconocibles.
Ellos, nosotros, lanzan palabras, lanzamos palabras.
Un ejército de frases
repite incansables arengas,
repetimos incansables arengas.
Habladores de un mundo que ya es sólo casi extranjero,
crean, como dioses, ¿Creamos como dioses? los Arboles de la Nada,
los árboles sin raíces,
desgajados de la tierra,
cultivados en el aire.
¡Ya se puede! es el grito.
¿Qué poder? Preguntamos.
¿Qué poder? te pregunto.
Sólo veo lo que no, ramas inaccesibles, ramas-vaho,
Sin aliento, lo que no es veo, algunos vemos, lo que no.
Sin tierra estamos, sin la tierra perdida, sin la tierra prometida.
¿Es la misma?
Te equivocaste, sabio poeta. ¿Te equivocaste?
No llegaron intempestivos ni de improviso. Sí, de improviso sí.
¿O no?
Llegaron huracán sobre velero, en rasa tabla se navega, creo.
Ahora creo y es duda, ¿amigo mío?
¿Siempre estuvieron aquí? ¿Sabio? ¿Eran una cicatriz en el azogue?
¿A dónde fue ese deseo de romper grilletes?

No hay comentarios:

Publicar un comentario